jue 30a. Ordinario año Par (Id=718)

Antífona de Entrada

El Señor es mi protector: me libró de las manos de mis enemigos y me salvó, porque me ama.

[Misa]

Oración Colecta

Oremos:
Concédenos, Señor, que el curso de los acontecimientos del mundo se desenvuelva según tu voluntad; gocen las naciones de justicia y paz y tu Iglesia pueda servirte con tranquilidad y alegría.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

Revístanse con la armadura de Dios para que puedan quedar definitivamente victoriosos

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios
6, 10-20

Hermanos: Busquen su fortaleza en el Señor y en su invencible poder. Utilicen las armas que Dios les ha dado, para poder resistir a las asechanzas del diablo, porque no estamos luchando contra fuerzas humanas, sino contra las fuerzas espirituales y sobrehumanas del mal, que dominan y gobiernan este mundo de tinieblas.
Por eso, para que puedan resistir en los momentos difíciles y quedar definitivamente victoriosos, revístanse con la armadura de Dios: que su cinturón sea siempre la verdad, su coraza la justicia; su calzado, la prontitud para anunciar el Evangelio de la paz. La fe les servirá siempre de escudo, para protegerlos y apagar las flechas incendiarias del enemigo malo.
Pónganse el casco de la salvación y empuñen la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios, insistiendo y pidiendo en la oración.
Velen en oración constantemente por todo el pueblo cristiano. Pidan también por mí, a fin de que Dios me conceda hablar con toda libertad y pueda anunciar el misterio de Cristo contenido en el Evangelio, del cual soy embajador entre cadenas. Pidan que tenga valor para predicarlo como debo.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Del salmo 143

Bendito sea el Señor, mi fortaleza.

Bendito sea el Señor, mi roca firme; él adiestró mis manos y mis dedos para luchar.
Bendito sea el Señor, mi fortaleza.

El es mi amigo fiel, mi fortaleza, mi seguro escondite; escudo en que me amparo, el que los pueblos a mis plantas rinde.
Bendito sea el Señor, mi fortaleza.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo, tocaré para ti el arpa; tú das a los reyes la victoria y salvas a David, tu siervo humilde.
Bendito sea el Señor, mi fortaleza.

Aclamación antes del Evangelio Aleluya, aleluya. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas! Aleluya. Evangelio No conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén † Lectura del santo Evangelio según san Lucas 13, 31-35 Gloria a ti, Señor. En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le dijeron: "Vete de aquí, porque Herodes quiere matarte". El les contestó: "Vayan a decirle a ese zorro que seguiré expulsando demonios y haciendo curaciones hoy y mañana; que al tercer día terminaré mi obra. Sin embargo, hoy, y mañana, y pasado tengo que seguir mi camino, porque no conviene que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas y apedreas a los profetas que Dios te envía! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina reúne a los pollitos bajo sus alas! Pero ustedes no han querido. Así pues, su casa quedará abandonada. Y les digo que no me volverán a ver hasta el día en que proclamen: ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!" Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús. Oración sobre las Ofrendas Que este pan y este vino, que tú mismo nos das para ofrecértelos nos ayuden, Señor, convertidos en el Cuerpo y Sangre de tu Hijo, a conseguir el premio de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. Prefacio Proclamación del misterio de Cristo El Señor esté con ustedes. Y con tu espíritu. Levantemos el corazón. Lo tenemos levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. Es justo y necesario. En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro. Cuya muerte celebramos unidos en caridad, cuya resurrección proclamamos con viva fe, y cuyo advenimiento glorioso aguardamos con firmísima esperanza. Por eso, con todos los ángeles y santos, te alabamos proclamando sin cesar: Santo, Santo, Santo ... Antífona de la Comunión Cantaré al Señor por el bien que me ha hecho, entonaré himnos de alabanza al Dios altísimo. Oración después de la Comunión Oremos: Te pedimos, Padre misericordioso, que por este sacramento con que ahora nos fortaleces, nos hagas algún día participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 2/11/2000--31/10/2002----2/11/2006--30/10/2008------30/10/2014--27/10/2016--- -Conmemoración de los Fieles Difuntos (Misa 2)- Antífona de Entrada Si creemos que Jesús murió y resucitó, así también creemos que Dios llevará con él a los que mueren en Jesús. Y así como todos han muerto en Adán, así también todos revivirán en Cristo. Oración Colecta Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo... Amén. Primera Lectura Obrando con gran rectitud y nobleza, pensando en la resurrección Lectura del segundo libro de los Macabeos 12, 43-46 En aquellos tiempos, Judas hizo una colecta entre los soldados y reunió dos mil dracmas de plata, que envió a Jerusalén para que ofrecieran un sacrificio por el pecado. Actuó recta y noblemente, pensando en la resurrección. Pues si él no hubiera creído que los muertos habían de resucitar, habría sido ridículo y superfluo rezar por ellos. Pero, creyendo firmemente que a los que mueren piadosamente les está reservada una gran recompensa, pensamiento santo y piadoso, ofreció el sacrificio expiatorio para que los muertos fueran absueltos de sus pecados. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. Salmo Responsorial Sal 121, 1-2.3-4a.4b-5.6-7.8-9 Vamos a la casa del Señor. Me alegré cuando me dijeron: "Vamos a la casa del Señor". Nuestros pies ya pisan tus umbrales, Jerusalén. Vamos a la casa del Señor. Jerusalén está construida como ciudad bien trazada; allá suben las tribus, las tribus del Señor. Vamos a la casa del Señor. Según la costumbre de Israel, para dar gracias al nombre del Señor. Allí están los tribunales del palacio de David, los tribunales donde se administra la justicia. Vamos a la casa del Señor. Rueguen por la paz de Jerusalén: ¡Vivamos en paz los que te aman! ¡Reino la paz dentro de tus muros, la prosperidad en tus palacios! Vamos a la casa del Señor. Por amor a mis hermanos y amigos, diré: "La paz contigo". Por la casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad. Vamos a la casa del Señor.

Segunda Lectura

Nosotros hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan
3, 14-16

Hermanos: Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. Todo el que odia a su hermano es homicida, y saben que ningún homicida posee vida eterna. En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él ha dado su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!
Aleluya.

Evangelio

Yo soy la resurrección y la vida

† Lectura del santo Evangelio según san Juan
11, 17-27

Gloria a ti, Señor.

En aquellos tiempos, a su llegada a Betania, Jesús se encontró con que hacía ya cuatro días que Lázaro había sido sepultado. Betania está muy cerca de Jerusalén, como a dos kilómetros y medio, y muchos judíos habían ido para consolar a Marta y María por la muerte de su hermano. Tan pronto como Marta se enteró que llegaba Jesús, salió a su encuentro; María se quedó en casa. Marta dijo a Jesús:
"Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero, aun así, yo sé que todo lo que pidas a Dios, él te lo concederá".
Jesús le respondió:
"Tu hermano resucitará".
Marta respondió:
"Ya sé que resucitará cuando tenga lugar la resurrección de los muertos, al final de los tiempos".
Entonces Jesús afirmó:
"Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que esté vivo y crea en mí, jamás morirá. ¿Crees esto?"
Ella le contestó:
"Sí, Señor; yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios que tenía que venir a este mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Oración de los Fieles

Celebrante: Oremos confiadamente al Padre de la misericordia y pidámosle el descanso eterno de nuestros hermanos que han muerto en el Señor.
(Respondemos a cada petición: Escúchanos, Señor).

Para que Cristo, que con su muerte destruyó la muerte y con su gloriosa resurrección dio la vida al mundo entero, conceda el lugar de la luz y la felicidad eternas a nuestros hermanos difuntos, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.

Para que les perdone todas las faltas que cometieron de pensamiento, palabra, obra y omisión, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.

Para que el único que no cometió pecado, se compadezca de la debilidad de los que eran frágiles y pecadores, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.

Para que el Señor santifique a su Iglesia, llene el mundo de bienes y se compadezca de los que sufren, roguemos al Señor.
Escúchanos Señor.

Celebrante:
A ti, Señor, que tienes el trono en el cielo, elevamos nuestros ojos; escucha nuestra oración y ten piedad de tus siervos que, mientras vivían en el mundo, confiaron en tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, los dones que te ofrecemos en este sacramento de amor que nos une a Cristo, tu Hijo, y recibe a nuestros hermanos difuntos en la gloria de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque tu voluntad nos da la vida, tus decretos la dirigen y un mandato tuyo, en castigo del pecado, nos devuelve a la tierra de la que habíamos sido sacados.
Y también te damos gracias porque, al redimirnos con la muerte de tu Hijo Jesucristo, por tu voluntad salvadora nos llevas a nueva vida para que tengamos parte en su gloriosa resurrección.
Por eso,
como los ángeles te cantan en el cielo, así nosotros en la tierra te aclamamos diciendo sin cesar:
[Misa]

Antífona de la Comunión

Yo soy la resurrección y la vida, dice el Señor. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que vive y cree en mí, no morirá para siempre.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Por este memorial de la muerte y resurrección de Cristo que hemos celebrado, concede, Señor, a nuestros hermanos difuntos, gozar de la paz eterna de tu Reino.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

[Misa]

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